De cuando ya es edad de saber cómo se hace la magia

Es muy difícil mantener las dinámicas de “magia” en el mundo actual, al menos para mí.

La “magia” en mis tiempos era diferente. Una de las primeras cosas en las que tuve una diferencia de opinión al comenzar a ser padres fue cuando decidíamos si nuestro hijo iba a creer o no en los Reyes Magos. El argumento del papá fue que no estaba dispuesto a mentir de forma alguna a su hijo, y la magia implicaba cierta forma de mentira. Mi argumento en cambio matizó de “ilusión” lo que él llamaba mentira. Pues sí, la de los cuentos siempre he sido yo, así que con la decisión había un montón de letras pequeñas que advertían los riesgos de mantener la “magia” pero de eso nadie te puede contar, porque cada historia, cada niño, cada casa, es diferente. Desde entonces la temporada, las cartas, los requerimientos mínimos de entregar con días de anticipación, la amenaza de portarse bien so pena de no contar con regalo de reyes, los cambios en la lista de última hora, el regalo agotado en las tiendas, las compras de último momento, las notas aclaratorias de los reyes, los globos y luego hasta la contaminación del mar que acabó con los globos y los nuevos sitios en la red para enviarles un e-mail en lugar de una carta, todo tipo de anécdotas alrededor del 5 de enero.

Hasta ese año en el que me lo pensé muy bien y me enrolé en esas campañas de asociaciones civiles que llevan cartas de niños a las oficinas para que elijas una y te conviertas en Rey Mago, de forma anónima para algún niño de la Asociación. Elegí dos y llegué con las cartas a casa, explicándole al primogénito la dinámica a partir de ese año.

̶  Este año te va a tocar integrarte el gran equipo de ayudantes de magia a través de los cuales operan los reyes magos. Esta es la carta que te toco a ti, y esta es la mía,  ̶  dije, para luego continuar ̶   nos toca revisar y  salir a conseguir los juguetes listados, y prepararlos para entregarlos con los coordinadores de logística que serán los que los lleven a los niños de las cartas.

Me miró extrañado y sin preguntar nada abrió su carta, era de una pequeñita que se encontraba internada en el Hospital General,  había sido escrita por su madre, se leía el nombre de la nena y su edad,  luego: “una muñeca y una muda”. Santiago pregunto entonces,  ̶  ¿una muda?, ¿qué es una muda?, ̶    le aclaré, divertida yo con su cara de extrañamiento  ̶   así se refiere a un cambio de ropa.

No tuvimos más que visitar una sola tienda de juguetes pues ambas listas eran muy generales y nada complicadas. Conociendo ya que la asociación en la que participábamos pretendía llevarles un presente entre los días fríos y amargos que se viven en las áreas de pediatría en cualquier hospital, fui enfática con Santiago en que cualquier cosa que pensamos  necesitar, en realidad no es tan importante como tener salud, y no podíamos sin embargo empacar costales de salud para los pequeños de nuestras cartas. Así que envolvíamos los juguetes de forma simbólica, envolviendo también la intensión, el aprecio, el deseo de bienestar para otros, que aunque intangibles, era ingredientes importantes para hacer la “magia” de la que tanto tiempo se había beneficiado él mismo.

Envolvimos y entregamos a tiempo en la fecha indicada para que el equipo de logística continuara el proceso.  ̶  A partir de este año ya eres un ayudante del equipo,  ̶   dije al terminar la dinámica.

– Sí, bueno, de acuerdo mamá, peeeero eso no significa que haya otros encargados en el equipo de revisar mi carta, ¿verdad mamá? porque todavía soy un niño, y me he portado muy bien .̶   no pude decir que no.

Este año mi pequeño se resiste a dejar el beneficio de la tradición. Cuando vi la carta montada en el árbol y dejando atrás cualquier intención romántica de explicarle que el cuento se acababa aquí le he dicho,  ̶ Santiago, tenemos que hablar…  ̶  a lo que contestó con un dramático: “Noooooooooooo” , mientras se tapaba los oídos con las manos y salía corriendo a su cuarto… así que tomé la carta entre mis manos y comencé a leerla…

Pienso que ya todo está dicho, y también que tengo un hijo muy divertido que hace todo lo posible por no renunciar a la tradición de la magia.

Al final, el 6 de enero y la tradición de los Reyes se trata más sobre dar que sobre recibir. Así cómo todo en la vida.

 

 

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