Si se pudiera…

“El dolor es el precio que pagas por amar, y está bien…”

Puedo lidiar con el estrujamiento del corazón y la nausea en el estomago cuando algo no sale bien y el desamor (en cualquiera de sus presentaciones) me tambalea en la vida. Ninguna de las experiencias previas me preparó para recibir al hijo de 11 años con el corazón apachurrado en sus primeros intentos de tener novia.

En esos días y los siguientes andaba yo silenciosa. Por supuesto que no es bonito ver que el pequeño cachorro sufre. Sólo podía contenerlo en abrazos y callar. No hay muchas palabras de aliento que deban ser dichas. Así pasa a veces.

Una idea llegó a mí en los días siguientes, mientras caminaba por el colorido mercado de los martes, llegué a un puesto, un betabel enorme y hermoso llamó toda mi atención. Lo tomé entre mis dos manos para sentir su peso, tenía la forma de un corazón, con su tronco braquicefálico, su arteria carótida común y su arteria subclavia distinguidas de las otras venosidades que lo conectan para funcionar.  Lo puse a la altura de mi propio corazón, para medir el espacio que ocuparía el betabel dentro de mí. En ese momento tuve la idea de reemplazar el corazón por un betabel. Si pudiéramos desconectarnos un momento para guardar el corazón, ̶ el órgano ese que concentra y comunica  las emociones ̶  para ponerlo en algún lugar de tu casa, ̶  mejor si queda bajo llave̶   y en su hueco te acomodas un betabel.

Mira bien los beneficios, es una opción orgánica, ecológica, ergonómica, económica y muy saludable. Puedes reemplazar el betabel por otro a la menor susceptibilidad, sin los inconvenientes del corazón roto. El betabel que está en uso, bajo la presión de alguna mala temporada podría ser partido, machacado, molido o licuado hasta ser convertido en una bebida vigorizante que aporte al cuerpo proteínas, fósforo, zinc, fibra, vitamina B6, magnesio, potasio, cobre y manganeso, vitamina A, vitamina C, calcio y hierro. El betabel se reemplaza por otro sin dramas ni culpas, que además son dos cosas totalmente inservibles en este mundo.

El eslogan de venta podría decir: “No ande por el mundo con el corazón en las manos, siendo lastimado a diestra y siniestra por tanto maloso desconsiderado, no más “burling”, mejor ame con todo su betabel”.

Cuando las experiencias le hayan fortalecido el carácter y tenga un conocimiento más avanzado sobre los inconvenientes del desamor, (incluso sólo teóricos) , en el momento en que identifique que el objeto de su afecto lo merezca, o tenga algún otro plan de riesgo implementado, bote el betabel y ponga en uso su bien protegido corazón.

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