Una caja de colibrí eterno

BK Sinclair

Hoy en la mañana salí a caminar con Pascal, todos saben que Pascal es un bulldog blanco con manchas que vive conmigo, cuando dimos vuelta en una cuadra de pronto vi a mis pies, tirado en el concreto gris de la entrada de un banco, un pequeño colibrí con las alas aún abiertas. Me detuve al verlo, comencé a buscar algo que qué tomarlo, un pedazo de tela, una gorra, un trozo de papel… nada, no tenía nada más que mis manos, así que lo tomé entre mis manos y sentí su cuerpecito aún suave, sus pequeñas alitas se cerraron, lo miré de cerca. Parecía mirarme y estar descansando en mi mano. Sentí una opresión en el pecho, comencé a llorar mientras retomaba la caminata, al dar la vuelta en la siguiente calle se me ocurrió que tal vez si lo calentaba con el calorcillo de entre las dos manos juntas, o tal vez si le diera algo de RCP para colibríes, tal vez si soplaba un poco de aliento de vida pudiera ver el milagro de que reviviera. Pero ya no pasó. Aún así le propuse un trato al cielo  y sus ángeles, si hacían el milagro y volvía a su rápido vuelo, a cambio yo no diría nada de su intervención divina. Recordé al chamán diciéndome que pusiera en práctica algo de sanación con las manos, mi corazón deseo con fuerza que las palabras del chamán, su poder y mis manos pudieran revivir al colibrí. Pero no. Ni el aliento de vida, ni el reiki para colibríes ni los ángeles lograron el milagro…

Llegué a casa triste, para mandarle un mensaje urgente al chamán (si, mi chamán tiene whatsapp y su consejo está al alcance de un mensaje) estaba pensando que el colibrí era mi animal de poder  y yo he sido tan imposible de guiar, que mi espíritu protector estaba renunciando a acompañarme y para hacerme saber me enviaba esta señal. El hombre sabio me contestó  ̶  El colibrí muerto es sólo una caja de colibrí eterno. Dale a su cuerpo muerto un espacio bello… y sonríe a su espíritu que no puede morir” ̶  entonces me regresó la sonrisa al corazón.

El colibrí muerto en mi mano fue un recordatorio de la muerte repentina y cercana de todas las personas que amo y de las que he puesto alguna distancia. De mi padre y la que podría ser su muerte o la mía sin despedirnos amorosamente para ya nunca más volver a vernos vivos.

Es casi común que cuando pensamos en la muerte, lo hagamos en la muerte de los demás, no la propia. Eso también estará bien porque en el fondo de nuestro corazón, nuestra alma y nuestra conciencia no hemos olvidado que somos una gotita de eternidad y polvo de estrellas. Qué bonito es recordarlo y abrazar el corazón sintiendo paz.

Se me murió el hermoso colibrí de nuestro amor. Voló a mis manos para que lo cobijara. Le lloré, le agradecí, lo honré, le busqué un lugar bonito para descansar.  Luego vine a sentarme para escribirlo y con suerte no olvidarlo nunca. Como yo a ti.

 

BK S Nov, 2017

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